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La desunión familiar como el origen de los errores de la sociedad mexicana

Por Francisco Javier Rodríguez.

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de México. Abogado postulante. Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales de Coparmex Metropolitano. Comunicador y columnista para varios medios escritos en México.

La justicia en materia familiar en México es el reflejo de los problemas y el desequilibrio que sufren las familias, a pesar de los mecanismos que ha implementado el Estado mexicano para preservar la unión y la solidaridad de las familias mexicanas como base de nuestra sociedad. Y es que una familia siempre es el reflejo de su sociedad.

En promedio, un juzgado de lo familiar en México tramita unos 1.500 asuntos en un año calendario. La carga de trabajo para los Juzgados Familiares es literalmente abrumadora. Si un juzgado tramita esa cantidad de asuntos, un mero cálculo aritmético será suficiente para calcular la cantidad de controversias que se inician en todas las entidades federativas del país. Seguramente el resultado se contará por millones.

La Ciudad de México, por ejemplo, cuenta con 42 Juzgados en materia familiar. Si multiplicamos 1.500 asuntos por 42 Juzgados, nos dará un total de 63 mil controversias iniciadas en un año. Ése sólo es el caso de la Ciudad de México. Falta contabilizar los Juzgados de las 31 entidades federativas que conforman el país. En concreto, las controversias de lo familiar en México no tienen fin y sus causas siempre son las mismas.

Son muchos los problemas que se pretenden resolver con el inicio de una controversia en materia familiar. Pero en la mayoría de los casos, los trámites se reducen a los divorcios, reclamación de alimentos, y la guarda y custodia de los niños, niñas y adolescentes.

En nuestra práctica forense hemos tramitado un sinnúmero de divorcios, y resulta que la edad de los contrayentes en promedio va de los 25 a 35 años. La duración del matrimonio, a lo mucho, es de 5 a 7 años. En nuestro caso, es raro un divorcio en el que los contrayentes sean mayores de 40 años con un matrimonio de más de 15 años de duración. Tal vez la corta edad de los esposos influye en la permanencia de la unión matrimonial y la estabilidad de la familia.

Las causas que originan la disolución matrimonial normalmente son las mismas: la falta de compromiso de los cónyuges, su incapacidad de llevar una vida en común y el desinterés para resolver sus problemas conyugales. Todas estas circunstancias son la causa de la deficiente educación de los hijos y la ausencia de valores sólidos de carácter familiar que les permita enfrentarse exitosamente a la vida.

En el caso de la guarda y custodia de los menores, la situación es la misma. El simple hecho de la separación de los padres es un golpe terrible para los infantes que siempre experimentan secuelas emocionales, aunado al ambiente familiar desfavorable que vivieron en casa, ya que por alguna razón sus padres decidieron separarse.

Pero hay algo más. En el caso de la separación, papá o mamá se incorporan a una nueva relación sentimental con una persona que, a su vez, viene de un fracaso familiar, que también tiene hijos y que éstos, sin estar preparados, también se incorporan a una nueva relación en las que se fusionan las vidas de dos personas con las secuelas de sus errores y desaciertos en convivencia familiar.

Una familia creada bajo estas condiciones también es rehén de los errores y los egos de sus fundadores. Algunas madres obligan a sus hijos a llamar “papá” a su actual pareja sentimental cuando no existe ningún vínculo de afecto entre éste y sus hijos. El nuevo papá se ofende si no lo llaman así. Es común que algunos varones incumplan con su obligación de dar alimentos, porque destinan sus recursos económicos a los gastos de los hijos de su pareja sentimental. Así de desordenada es la vida familiar de muchos hogares mexicanos. Eso nos consta, porque lo vemos todos los días en tribunales.

Es evidente que este “desorden familiar” tiene más aristas, ya que como lo comentamos al principio, la familia es la base de la sociedad. La familia mexicana es la base de la sociedad mexicana. De ahí la presencia de otros fenómenos sociales, cuyo origen es la desintegración familiar como el aumento de los delitos en agravio de grupos vulnerables, el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes por la delincuencia organizada, las desapariciones forzadas, el acoso escolar, la discriminación, entre otros.

Es importante señalar que el Estado mexicano ha implementado políticas públicas para favorecer la unión familiar. La intervención del Poder Público en un ámbito tan privado como el familiar no ha sido suficiente para mantener unida la base de nuestra sociedad. Si las familias mexicanas carecen de los valores y la convicción suficiente para hacer vida en común entre sus miembros, seguramente ninguna autoridad podrá resolver los problemas que se originan en el seno de un hogar.