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Diplomacia chilena Q.E.P.D.

Por Michael Campbell.

Abogado por la Universidad Adolfo Ibáñez. Licenciado en Ciencias jurídicas Mención en Derecho Penal. Diplomado en Contratos Administrativos por la Universidad de Los Andes. Diplomado en Gestion Pública y Liderazgo por la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos. Actualmente Asesor Legislativo en la Cámara de Diputadas y Diputados. Profesor invitado en el Centro Conjunto para Operaciones de Paz de Chile (CECOPAC) en cursos de Derechos Humanos, Marco Legal de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas y Derecho Internacional Público.

Quienes hemos tenido relación o cercanía con la diplomacia chilena, sea a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Academia Diplomática Andrés Bello, diplomáticos de carrera, etc., se sabía del orgullo que se tenía por el nivel de preparación de los diplomáticos chilenos. Estos eran acorde a lo esperado en un mundo globalizado, con altos estándares de protocolo y ceremonial, académicamente preparados y exigentes.

Sin embargo, durante el actual gobierno, el mundo diplomático -o, mejor dicho, los chilenos- ve con tristeza y estupor el nivel de embajadores que representan al Estado de Chile y a su pueblo en el exterior, y en especial, en embajadas de relevancia estratégica. Muchos de ellos sin ninguna experiencia en relaciones internacionales o diplomáticas previas para el cargo. Ejemplo son el embajador de España, o las embajadoras ante el Reino Unido, México, Argentina y en la misión de Chile en Naciones Unidas.

Para qué decir de la ex Ministra de Relaciones Exteriores, Antonia Urrejola, quien mientras estuvo en su cargo no hizo más que socavar la credibilidad de su cartera, que aún contaba con el apoyo y el orgullo de los chilenos, por los conflictos internos con el Subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, José Miguel Ahumada, que terminaron por salpicar a una persona de renombrada experiencia internacional, Agente de Chile ante La Haya y académica, como lo es la ex Subsecretaria de Relaciones Exteriores, Ximena Fuentes.

El Presidente Boric tampoco se ha quedado atrás. La rabieta en contra el Rey de España, Felipe VI, para la ceremonia del Cambio de Mando, el ninguneo a Estados Unidos y su supuesta ausencia en la Cumbre de Los Océanos –John Kerry, el enviado estadounidense, estaba sentando en la misma mesa que el Presidente- y los dos desaires al embajador de Israel no han hecho más que poner una lápida a la diplomacia chilena.

El contraste del presente gobierno con los anteriores, con independencia del color político, es abismal. Hoy las embajadas son premios de consuelo para quienes no fueron electos para un cargo de elección popular, para pagar favores políticos, poner dirigentes sindicales o simplemente, pitutos. Con esto se lanza por la borda todo lo hecho durante más de 200 años por las legaciones chilenas alrededor del mundo y por los funcionarios de carrera que, con profesionalismo y la debida etiqueta que exige la diplomacia, lograron dar prestigio y renombre al Servicio Exterior de Chile.

Como ciudadanos de un Chile globalizado debemos exigir a nuestros gobernantes que quienes nos representen en el exterior, no solamente cuenten con el respaldo del gobierno de turno, sino que cuenten con las capacidades técnicas suficientes para realizar una labor que es fundamental para nuestro país en sus distintos niveles, sean diplomáticos, consulares, comerciales, etc. ya que son reflejo de lo que somos como nación.

No deben de olvidar que “Por Chile Hablan”.