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Holanda: Más que la Corte de la Haya

  • Amsterdam es un imperdible: la ciudad, su gente, los canales y museos lo convierten, por lejos, en un viaje súper recomendable.

Christian Vidal Beros

Texto y fotos de Christian Vidal B., director general de LWYR.

Es Licenciado en Derecho y Abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Realizó el Magíster en Derecho con mención en Derecho Público de la Universidad de Chile. Es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Andrés Bello y de Taller de Análisis Jurídico de la Universidad Diego Portales. Ha publicado diversos artículos en Revistas Jurídicas sobre temas de Derechos Fundamentales.

Ir a Holanda en un marzo frío y de invierno largo es tener claro que el sol es un compañero escaso. Y es que el 2013 decidí conocer la tierra de los molinos, tulipanes y, obviamente, de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Aunque esto último fue más que nada la excusa para visitar a grandes amigos que hasta el año pasado cumplieron funciones como diplomáticos, a propósito de la demanda peruana recién fallada el 27 de enero pasado.

El periplo por Europa contempló,además de Holanda, algunos días en París y en la vecina Bélgica, pero esos destinos dan obviamente para otros artículos independientes, pues el punto es centrarnos en Holanda y, particularmente, en Amsterdam y La Haya.

Estación Amsterdam Centraal.

Llegar a la capital oficial del Reino de los Países Bajos por tren es arribar a Amsterdam Centraal, la estación ferroviaria más cercana al dique exterior de la ciudad. Hay que recordar que la urbe es conocida como la Venecia del norte y ha sido la propia ciudad la que ha ido ganado espacio al mar. Es por ello que, además, está compuesta por una serie de “anillos” que convergen en el centro histórico y financiero de la metrópoli más grande bajo esta monarquía.

Estar en Amsterdam es un agrado y con buen clima (pidamos por lo menos sol) es mucho más entretenido. Efectivamente, la ciudad está llena de canales, de construcciones centenarias y muchas de ellas datan del siglo de oro holandés (s. XVII), principalmente por el desarrollo de la navegación y la colonización de territorios en Asia y América. Es tremendamente recomendable realizar los recorridos por estos torrentes, donde justamente se puede apreciar la historia de la ciudad y las características construcciones holandesas.

La ciudad es conocida como la "Venecia del Norte" por los canales que la cruzan.

La ciudad es conocida como la «Venecia del Norte» por los canales que la cruzan.

Para los amantes de los museos están el Rijksmuseum y el Hermitage Museum (que el año pasado albergó la colección completa del Museo Van Gogh). Y para los que no gustan de los museos, la Casa de Ana Frank es una tremenda experiencia para cualquier persona –y más para los abogados que creemos firmemente en el respeto de los Derechos Humanos–, pues aquel lugar cobijó a la pequeña judío-alemana durante la II Guerra Mundial. Un dato curioso: a la salida nos encontramos con la Sala de los DD.HH., donde cada cinco minutos se muestran determinados conflictos de derechos, donde el público asistente puede votar de acuerdo a sus principios.

Finalmente, debo destacar de Amsterdam lo agradable de su gente, la tranquilidad de la ciudad, lo cosmopolita –y tolerante– de la sociedad holandesa. Y para quienes, además de conocer, les gusta comprar, nada mejor que la Kalverstraat, la calle comercial por excelencia y que agrupa las principales marcas y souvenirs para traer a los amigos. Recomendable es la tienda de Abercrombie & Fitch, emplazada en una casona antigua de cuatro pisos, completamente oscura, muy al estilo de la marca norteamericana.

La Haya

Luego de dos días recorriendo la entretenida Amsterdam, el próximo destino fue La Haya o Den Haag. Capital constitucional holandesa y sede de los órganos del Estado y residencia oficial del Rey. Para ese entonces, todavía reinaba Beatriz y el pueblo se encontraba a días de presenciar la entronización del actual monarca, Guillermo Alejandro, muy querido por la gente, y por la aún más querida Máxima de Holanda.

La Haya recibe con el cariño de los amigos que fueron el leitmotif del viaje, pero además con mucho viento y frío. Sin embargo, a poco andar uno comienza a encontrar en esta ciudad –nada de grande, pero a una cómoda escala “vivible”– el gusto por estar allí y eso que hace que los que vivieron allí la extrañen a poco dejarla.

Al conocerla caminando, uno percibe que el lugar es una urbe de organismos gubernamentales, funcionarios públicos y muchos diplomáticos. No sólo la presencia de la Corte Internacional de Justicia nos advierte de ello, sino que también la gran cantidad de embajadas presentes en el Reino de los Países Bajos, lo que hace que sea tan multirracial y pluricultural como el resto de Holanda.

Calles tranquilas y personas tolerantes destacan en Holanda.

Calles tranquilas y personas tolerantes destacan en Holanda.

¿Del fallo de Chile y Perú? En ese entonces nada, ya que los alegatos habían sido en diciembre de 2012 y solamente quedaba esperar la sentencia. Por lo mismo fue la ocasión ideal para descubrir el Palacio Real, las calles angostas del casco histórico, los parques que rodean la Corte y, por supuesto, el barrio donde se concentran la mayoría de las embajadas.

¿Qué quedó del viaje a Holanda? Imperdible Amsterdam: la ciudad, su gente, los canales y museos hacen por lejos un viaje súper recomendable. ¿La Haya? Por conocer la Corte –está muy cerca– y principalmente si tienen amigos, que además sean excelentes anfitriones, mucho mejor.

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