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El Yoga es Democrático

Fabiola Lathrop

Por Fabiola Lathrop Gómez

Abogada. Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Chile. Doctora en Derecho, Universidad de Salamanca. Investigadora Centro de Investigaciones Jurídicas Universidad Central de Chile. Profesora Asociada Derecho Civil Universidad de Chile.

“El yoga es democrático”, dijo en alguna oportunidad una de mis instructoras. Y tenía toda la razón. Democrático porque acoge a personas de articulaciones flexibles y también “tiesesitas”, a mujeres y a hombres (éstos últimos son fuerte minoría aún pero igual se les ve cómodos practicando), a niños, adolescentes y ancianos, a embarazadas… Incluso personas con dolencias físicas -para qué decir mentales- pueden hacer yoga. Como si esto fuera poco, el idioma no es obstáculo pues cada postura tiene su nombre “técnico”, de manera que basta que el profesor lo pronuncie para saber qué debe hacerse.

Es que el yoga es una disciplina primordialmente individual, en el sentido de que cada uno lo realiza a la velocidad, intensidad, y con el propósito que desea y/o necesita imprimirle a la práctica. Cada uno se pone sus límites, lo que fomenta el autocuidado y evita las lesiones. El punto esencial para enganchar con este “deporte” es que el movimiento vaya sincronizado con la respiración. Es ésta la que marca la pauta; no al revés. Sin embargo, la práctica de yoga también es colectiva, en el sentido de que se estimula que los alumnos y alumnas traten de realizar las secuencias de manera más o menos sincronizada, y se recitan frases y realiza respiración en conjunto. Como es natural, el o la debutante a veces va con desfase, pero ello no molesta ni interrumpe la práctica de los demás.

Yoga es unión entre mente, cuerpo y espíritu. Cuenta con infinidad de clases y variantes. Algunas más dinámicas en lo físico y otras más centradas en lo espiritual. No obstante, yo iría que, en general, se basa en la repetición de una serie de “asanas” (posiciones) que se realiza al ritmo de la respiración, y que tiene la ventaja de armonizar posturas y contraposturas, con lo cual el cuerpo queda en total equilibrio físico al terminar la sesión.

Comencé a practicar yoga hace diez años, y salvo durante algunos meses de post-parto, no lo he interrumpido nunca. He probado alrededor de seis tipos de yoga, dependiendo de lo que he necesitado en distintos periodos de mi vida. He tenido más de una decena de instructores en tres países distintos.

Diría que la práctica en Chile es de un muy buen nivel y, afortunadamente, cada vez más difundida. Los y las profesores que he tenido en Chile han sido especialmente estudiosos, metódicos, rigurosos y completos. Este último punto lo he descubierto especialmente en los dos últimos años, pues la práctica que realizo desde entonces es sumamente integral: combina un fuerte ejercicio físico con alrededor de cuarenta minutos de meditación y ejercicios de respiración.

El yoga se ha transformado en una necesidad diaria. Nueve “saludos al sol B” en ayuno y, dependiendo de la agenda, dos o tres veces de práctica semanal en grupo. Lo practico ocasionalmente con mi hija de cuatro años, con quien he comprobado que es una disciplina lúdica y atractiva para los niños. Si pierdo frecuencia en la práctica, comienzo a sentirme extraña, desconcentrada y contracturada.

Y es que el yoga mejora tu oxigenación, tus defensas, tu postura corporal, a la vez que permite desconectarte del mundo exterior, de tus preocupaciones diarias, redirigiendo tu mente, tu cuerpo, y particularmente tu espíritu, a todo aquello intangible que valoras personalmente en tu presente.

Poco a poco pasa a ser un estilo de vida pues vas casi intuitivamente alimentándote sanamente, bebiendo mucho líquido, llevando una vida más saludable, prefiriendo subir escaleras al ascensor, dar un paseo en lugar de ver la televisión. El yoga ayuda a valorar lo sencillo. De hecho, sólo necesitas ropa cómoda, en lo posible un matt, y un espacio físico en que éste quepa. Nada más! Suelo decir a quien está deprimido, colapsado, preocupado, ansioso, cansado… que el mejor consejo que puedo dar es hacer yoga.

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